Donald Trump en Jerusalén, 2017. Los Acuerdos de Oslo habían abierto una puerta para encontrar la solución de dos Estados que puedan vivir juntos, uno a lado del otro. Esto hoy es más difícil- Imam Guillet
Photo Credit: Jonathan Ernst/Reuters

Una maniobra contra la paz

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Jerusalén es muy importante para las tres religiones, la cristiana, la judía y la musulmana. Y nadie, ni siquiera Trump, puede imponer a la gente algo que atenta contra sus creencias.

– Imam Hassan Guillet

Estados Unidos reconoció oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel, una ciudad que tanto israelíes como palestinos reclaman como su capital. Esta decisión va en contra de la ley internacional y de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Canadá manifestó su desaprobación.

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Le preguntamos al Imam Hassan Guillet sobre su reacción al darse a conocer la noticia.

“En lugar de trabajar para la paz es una decisión que creo, no va a cambiar mucho la realidad, porque Jerusalén está ocupada por el ejército israelí. Los israelíes han ocupado la parte oeste de Jerusalén en 1948. La parte oriental, la antigua ciudad, fue ocupada por Israel en 1967, durante la guerra de los 6 días. Desde 1967 Jerusalén está ocupada, y el ejército israelí hace la ley”.

En 1948, al final de la guerra árabe-israelí, se trazó una Línea Verde para delimitar las fuerzas combatientes. El área occidental, que estaba habitada principalmente por judíos, quedó bajo hegemonía israelí, mientras que el área oriental, morada sobre todo por palestinos musulmanes y cristianos, quedó bajo control de Jordania. Los árabes que residían en la zona occidental fueron obligados a marchar al este y viceversa, y los judíos que residían en el oriente tuvieron que irse.

Hoy, en la zona oriental viven 300.000 palestinos y en la occidental medio millón de judíos. En esta última están las sedes del Parlamento, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y la Corte Suprema, en tanto que las embajadas internacionales están en Tel Aviv.

Según el imam Guillet, la decisión del presidente Trump no va a producir grandes cambios. El problema, señala, es que en lugar de trabajar para la paz, para resolver esta crisis, el señor Trump, personalmente, ha decidido apoyar solo a una parte del conflicto.

Iman Hassan Guillet © Marie-Claude Simard

¿Por qué el presidente Donald Trump decidió reconocer a Jerusalén como capital de Israel?

Según el Imam Guillet, Trump tiene problemas personales que enfrentar, con el tema de Rusia, también con acusaciones de acoso sexual, y un problema interno que son los donantes pro israelíes que contribuyeron con sus votos a su elección.

“El otro motivo es su yerno, Jared Kurchner, un judío ultra ortodoxo integrista. Durante las elecciones el señor Trump dijo America first, pero ahora con su yerno es Israel First”.

Guillet cree que la mayoría de los estadounidenses no están felices con la decisión de su presidente.  Incluso dice, hubo manifestaciones en contra, entre otros,  en la ciudad de Montreal donde participaron también judíos.

Finalmente lo de Trump tiene un efecto simbólico, dado que ningún otro país reconoce a Jerusalén como capital de Israel.  

Pero el Imam recuerda que en 1995, el senado estadounidense había tomado la decisión de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. Algo que nunca fue implementado hasta ahora.

Porque siempre fue considerada  una cuestión electoral interna.

Los anteriores presidentes estadounidenses sabían que internacionalmente no era una opción aceptable, razón por la cual nunca habían implementado esa resolución.

El imam Guillet señala la importancia de los Acuerdos de Oslo de 1993 firmado por Rabin y Arafat para trabajar por la paz. Sin embargo, desde esa fecha, el número de colonos en los territorios ocupados por Israel han pasado de 100 000 a 750 000, dice.

“Estos datos muestran que no hay intención de hacer la paz en esta parte del mundo. Israel es otra Sudáfrica. Es el apartheid. Los Acuerdos de Oslo habían abierto una puerta para salir de este conflicto histórico. Para encontrar la solución de dos Estados que puedan vivir juntos, uno a lado del otro. Esto hoy es más difícil”.

Israel es una potencia nuclear, pero no puede imponer la paz. Los árabes no pueden hacer la guerra.

Posición de Canadá

El primer ministro, Justin Trudeau en una reunión bilateral con Israel en la cumbre de cambio climático de las Naciones Unidas en París en 2015. El gobierno de Trudeau ha continuado una política de fuerte apoyo a Israel. © (Adrian Wyld / Canadian Press)

En respuesta a la decisión de Trump, el primer ministro Justin Trudeau dijo que favorece una “solución de dos estados” y que no trasladará la embajada de Canadá en Israel a Jerusalén.

Reiterando la visión de larga data de Canadá, Trudeau dijo que Ottawa no reconocerá a Jerusalén como la capital de Israel, aunque se abstuvo de decir nada que implique una crítica al Sr. Trump por la controvertida decisión.

¿Es suficiente?

“Estoy satisfecho de lo que nuestro gobierno ha hecho. Estoy agradecido. Aunque no creo que Canadá pueda hacer mucho más, pero sí implicarse en el proceso de paz. El proceso de paz necesita a la comunidad internacional, totalmente. Canadá, como la Unión Europea, el Vaticano, denben trabajar juntos”.

El Imam señala que Estados Unidos se aprovechó de la debilidad de los países árabe. Hay muchos conflictos en el Medio oriente  entre los árabes mismos, entre los árabes y los iraníes. Y Trump se aprovechó de la división de los países árabes para imponer a Jerusalén como la capital.

“El apartheid es un sistema que trabaja contra la historia, contra la lógica, contra la naturaleza humana. Y la generación futura continuará luchando para obtener sus derechos”.

La ONU reiteró que el estatus final de Jerusalén debe surgir del diálogo directo entre israelíes y palestinos y advirtió sobre los riesgos que las “acciones unilaterales” pueden implicar para el proceso, además de los “potenciales riesgos de violencia”, lo cual ya comenzó a evidenciarse con el llamado a la tercera Intifada hecha por el movimiento islamista Hamas y a las marchas y protestas registradas en Gaza, Cisjordania y países como Egipto, Jordania, Iraq, Siria, Yemen, Líbano, Baréin, Sudán, Túnez, entre otros.

Esto y mucho más en la entrevista de Radio Canadá Internacional con el Imam Hassan Guillet, miembro del Consejo provincial de Imames de Quebec.

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Publicado en: Política

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3 comments on “Una maniobra contra la paz
  1. Ecuánime y sobria la posición del primer ministro Justin Trudeau acerca de Jerusalén: Ottawa no la reconocerá como capital de Israel. Canadá, que favorece una solución “de dos estados”, no trasladará su embajada de Tel-Aviv a Jerusalén.

    Tiene mucha vigencia el punto de vista del premier Trudeau, quien habla sabiamente de un futuro proceso de paz, en el cual Canadá debe implicarse mas seriamente.

    Y es acertadísima la opinión del primer ministro Trudeau cuando afirma que ese futuro proceso de paz necesita totalmente la participación de la comunidad internacional, con papel relevante del Vaticano, la Unión Europea y del mismo Canadá.

    Claro, la ONU y otros organismos internacionales deben involucrarse pronto para que este asunto no vaya a degenerar otra vez en una escalada de violencia (terrorismo, por ejemplo) que termine cegando mas vidas de israelies y palestinos inocentes en estos y países del Cercano Oriente.

    Ojalá la presencia del Vaticano se haga pronta. Su santidad Fransisco es un lider carismático que, sin lugar a dudas, tendría una función muy influyente en el impulso de un futuro proceso de paz. Su presencia en el proceso, contribuiría a darle un caracter mas neutral y ecuménico a Jerusalén, ciudad santa también para el cristianismo.

    En el mundo entero, se tiene en elevado concepto a Canadá. Era de esperarse su justa e imparcial poscición con respecto al reciente tópico Jerusalén. Por ello, el mundo amante de la paz, tiene su atención puesta en ese proceso de paz del que ha hablado sabiamente el primer ministro Justin Trudeau. Es de esperarse que Canadá asuma algun liderazgo en este futuro proceso de paz, tan necesario para apaciguar el latente conflicto arabe-israeli.

  2. Los millones de cristianos que creemos en el presidente Donald Trump, estamos convencidos que él no está cometiendo -ni cometerá nunca- apostasía. El presidente Donald Trump no es judío ni en su sangre ni en sus convicciónes religiosas, hasta donde sabemos. El hecho de que tenga un yerno judío, no quiere decir nada: la amada hija de cualquier hombre cristiano puede enamorarse y casarse y tener sus hijos, ya sea con un judío, o con un masulman o con un induista, etc., y eso no cambia -y no tiene por que cambiar- las convicciones cristianas del padre de la novia.

    El presidente Donald Trump es cristiano protestante (sabemos que el cristanísmo lo conforman tres grandes corrientes, la católica, la protestante y la ortodoxa). Si, el presidente Donald Trump es Presbiteriano. La iglesia presbiteriana cree en Dios como el Padre, creador de todo, en Jesús, como su hijo unigénito, y en el Espritu Santo. En jesús como encarnación de Dios en la tierra. Y en María, como su madre virginal.

    Como cristiano, el presidente Donald Trump debe entender -y seguro lo comprende- que el Cristianismo también tiene derechos naturales e históricos en Jerusalén. Tantos o iguales derechos como el judaísmo y(o) el Islamismo.

    El cristianismo es -y ha sido a lo largo de la historia- el fundamento espiritual (ético-moral) de toda nuestra Civilización Occidental, y la religión que le dio, en última instancia, su unidad y su configuración definitiva a Europa, que es la madre de toda nuestra cultura.

    El presidente Trump debe cambiar su discurso y su actitud respecto a Jerusalén. Nunca es tarde para las rectificaciones. El occidente cristiano debe tener injerencia en las decisiones que se tomen en torno a Jerusalén. Como cristiano que es, el presidente Trump tiene la palabra.

  3. Cuando millones de estadounidenses en el mundo votaron por Donald Trump, lo hicieron convencidos de que se trataba de un hombre totalmente independiente. Igual sucedio con los millones de simpatizantes que, por ser ciudadanos de otros países, no podían votar por él, y que, sin embargo, guiados por esta convicción, lo apoyaron de corazón.

    Se sobrentendía y se sobrentiende que, este prohombre, por ser un magnate, no tenía -ni tiene- por que doblar la cabeza o la rodilla ante nadie, ni ser perrillo faldero de nadie. Pensábamos -y aun lo pensamos- que utilizaría todo el desparpajo que su encumbrada doble posición de magnate y presidente del país más poderoso del mundo, le permitían, para decirle “al pan, pan y al vino, vino”.

    También creímos -y aun creemos- en el “primero América” de su discurso pre y
    post electoral. Como integrantes de la civilización occidental que somos, aún creemos en el presidente Trump, como ese alguien que puede contribuir grandemente a salvar la civilización occidental, de manos del terrorismo y de otros males no menores que la aquejan.

    Por eso no concebimos que se mire al presidente Trump como a un anciano septuagenario con demencia senil, manipulado por un joven yerno judio de 37 años.
    No, eso nunca debe estar sucediendo.

    Estamos seguros que el presidente Trump, puede cambiar su discurso, hacia un discurso más favorable y mas imparcial encaminado a la paz del Medio Oriente, que es también parte de la tan anhelada paz mundial.