Las Islas de la Magdalena son un pequeño archipiélago que se encuentra en el estuario del río San Lorenzo, en el extremo este de Canadá, en pleno mar y a mitad de camino entre el norte de Nuevo Brunswick y el oeste de la isla de Terranova. Pobladas mayormente por descendientes de acadienses, es decir, de franceses de las colonias originalmente establecidas en el norte de Nuevo Brunswick, las Islas de la Magdalena son hoy el testimonio viviente de la perseverancia de un pueblo en la defensa de su lengua y su cultura. A esa población mayoritariamente francófona se le están sumando, poco a poco, algunos inmigrantes que se enamoran de este paisaje bucólico y agreste, del olor a mar, del canto permanente de las gaviotas y de la calidez incomparable de los isleños. Algunos de esos inmigrantes son de origen latinoamericano. Diego Creimer viajó a las Islas de la Magdalena en este verano de 2010 para conocerlos y conversar con ellos.
INMIGRAR A LAS ISLAS
¿Quién no sueña con vivir en un lugar tranquilo de Canadá, sobre una colina verde, a orillas del mar y rodeado de gente amigable? Las Islas de la Magdalena, en el este de Quebec, ofrecen todo esto. Pero atención: encontrar trabajo allí no es fácil, y los sueños pueden diluirse fácilmente frente las dificultades. Nuestro colega Diego Creimer estuvo en las islas a fines de julio y conversó con Joel Arseneau, el alcalde del archipiélago, sobre las ventajas y desventajas de inmigrar allí.
DESHECHOS ISLEÑOS,EXPERIENCIA COLOMBIANA
En las islas de la Magdalena, en el extremo este de Quebec, el tratamiento de los residuos domiciliarios representa todo un desafío, dada la situación de aislamiento geográfico del archipiélago. Una joven ingeniera colombiana, María Isabel Strauch, se instaló allí en junio de 2010 para contribuir con su experiencia a mejorar el reciclaje de residuos orgánicos y el tratamiento de la basura en general. Diego Creimer conversó con ella durante su viaje por las islas a mediados de julio.
SIN "R" DE REY
En las Islas de la Magdalena, muchos pobladores no pronuncian la "r" en francés, su lengua materna. No es un capricho ni un accidente. Hace casi 250 años, cuando Francia cedió el Bajo Canadá a Inglaterra, los descendientes de los franceses que vivían en las islas se sintieron traicionados por el rey Luis XV y decidieron, a modo de protesta, borrar la "R" de "Rey" de la lengua cotidiana. Territorio de anécdotas imposibles e infinitas, las islas reciben hoy el aporte de nuevos inmigrantes. Al mismo tiempo, los jóvenes isleños salen cada vez más a recorrer el mundo y tienen un interés marcado por América Latina. Diego Creimer conversó con Marie-Hélène Guay, organizadora de viajes estudiantiles y vacaciones solidarias en América Latina, y con Alexandre Chouinard, médico de familia y acompañante de los jóvenes viajeros.
POR LA BLANCA ARENA QUE VA HACIA EL MAR
En las Islas de la Magdalena, los esfuerzos apuntan a diversificar la economía, que por el momento depende casi enteramente de la pesca y el turismo. Por otra parte, el calentamiento global está creando serios problemas en las playas y los acantilados, que retroceden a un ritmo alarmante bajo el azote constante de las olas. Mientras tanto, la población crece lentamente y la cultura se enriquece con la llegada de inmigrantes. Diego Creimer conversó con Claudia Bustamante Kopp, inmigrante originaria de Venezuela, profesora de castellano en el CEGEP de las Islas de la Magdalena.
PIES DE ARENA, ALMA DE MAR
Si Antoine de Saint-Exupéry hubiera pasado por las Islas de la Magdalena, en el extremo este de Quebec, quizás hubiera escrito allí la continuación de "El Principito". En medio de enormes dunas y colinas rocosas, este archipiélago poblado por 13 mil almas supo resistir a la rudeza del clima y de las sucesivas colonizaciones. Producto de dos deportaciones sucesivas, los habitantes de las islas, llamados "madelinots", echaron raíces en la roca y la arena para crear una comunidad dinámica que hoy comienza a recibir sus primeros inmigrantes. Diego Creimer conversó con José Luis Rodríguez, un inmigrante de origen cubano