Una fuerte mayoría de canadienses (77%) prefiere la democracia como sistema de gobierno. (Justin Tang-CP)

Los canadienses, populismo y desencanto con el estado de la democracia

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Los canadienses tienden a preferir la democracia sobre otros sistemas de gobierno, pero casi la mitad no está satisfecha con la forma en que funciona, sugieren datos de una reciente encuesta de la Universidad Simon Fraser.

El estudio de 61 páginas, titulado State of Democracy and Appeal of Populism, encontró que casi el 60 por ciento de los canadienses solo están «moderadamente convencidos» de que Canadá debe ser gobernado por una democracia representativa.

La encuesta nacional fue dirigida por el Centro de Diálogo Morris J. Wosk de SFU y tenía la intención de medir las opiniones y el compromiso de los canadienses con la democracia. Entre los resultados hubo indicios de que los canadienses pueden ser vulnerables a los mensajes populistas.

El Centro desarrolló un cuestionario con un conjunto de indicadores clave y relevantes diseñados para medir las opiniones y el compromiso de los canadienses con la democracia.

Las preguntas se referían a 8 áreas temáticas clave: *Evaluación del desempeño de la democracia canadiense *Compromiso con la democracia como sistema de gobierno *Opiniones sobre los valores democráticos y el papel de los ciudadanos en la democracia *Confianza en las instituciones *Participación en democracia *Compromiso en la comunidad *Percepciones del impacto de la desinformación en la democracia *Fuentes clave de información sobre política, gobierno y temas

Datos que sobresalen sobre el Estado de la Democracia

Una fuerte mayoría de canadienses (77%) prefiere la democracia como sistema de gobierno.

Aun así:

*Casi el 70 por ciento de los participantes de la encuesta siente que a los funcionarios del gobierno no les importa lo que piensan los canadienses comunes.

*Cerca de la mitad de los 3.500 participantes de la encuesta dijo no creer que Canadá esté gobernado democráticamente.

*La mayoría de los encuestados dijo creer que la votación tiene poca influencia sobre la manera cómo se administra realmente un gobierno.

*Una mayoría significativa de canadienses rechaza el gobierno de un líder fuerte (77%) o el gobierno militar (91%) como una alternativa viable para Canadá.

¿Preocupan estos datos?

Fue la pregunta que le hicimos a Víctor Armony profesor de Sociología en la Universidad de Quebec en Montreal y director de LIELA,  Laboratorio Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Quebec en Montreal

“Resulta claro que existen síntomas de profundo descontento político en gran parte de la población canadiense, algo que parece coincidir con tendencias presentes en otros países occidentales. Sin embargo, el problema se sitúa más en la sensación de desconexión con el gobierno que en los valores democráticos en sí. Muchos canadienses tienen la impresión de que hay un cortocircuito entre lo que ellos desean y necesitan, y lo que los dirigentes generan con sus políticas”.

Pero esos datos, dice Armony, hay que tomarlos con pinzas por su complejidad y porque de alguna manera se muestran contradictorios también.

“Primero, está la cuestión de las expectativas. Paradójicamente, nunca hubo tantos mecanismos de consulta, de rendición de cuentas y de comunicación directa entre los gobernantes y sus gobernados, lo cual debería favorecer una mejor representatividad. Pero la gente espera más y mejores resultados que impacten en su vida cotidiana.

¿Quién tiene la culpa de que tenga que esperar demasiado en la sala de urgencias del hospital? El gobierno. ¿Quién tiene la culpa de que las aceras de mi vecindario estén  rotas? El gobierno. ¿Quién tiene la culpa de que las empresas de mi sector no puedan competir con las firmas extranjeras? El gobierno. Al menos, eso es lo que nos surge como respuesta espontánea ante dichos problemas, y no estamos totalmente equivocados. Pero, obviamente, el fenómeno es mucho más complejo: el “gobierno” del que hablamos no es una entidad única, sino que es municipal, provincial, federal… es decir, múltiples niveles y órganos de gobierno con sus diferentes lógicas, no siempre complementarias entre sí. Y esos niveles y órganos de gobierno deben responder a múltiples y a veces contradictorias demandas de la población.

No digo que no haya motivos para quejarse de nuestros gobernantes, pero creo que como ciudadanos nos estamos dejando tentar por una lectura simplista que divide al mundo entre la “gente común”, buena, productiva e inocente, y las clases dirigentes, malas, egoístas y mendaces”.

¿Cómo explica esa tendencia?

“Lamentablemente hay elementos de una “tormenta perfecta”. El proceso de fondo, como lo explicaba antes, es hacia esperar más y mejor del gobierno, haciendo así del “gobierno” el foco de nuestro descontento.”

Sin embargo, Armony expresa que no existen pruebas de que los gobiernos de décadas anteriores fueron más éticos, calificados y democráticos que los actuales. Más bien, lo contrario.

“Los gobernantes operan hoy bajo mecanismos de control y monitoreo que no existían hace 20 o 30 años. Esto no quiere decir que no haya situaciones de corrupción o de abuso de poder.

Pero yo diría que la amenaza a la democracia viene más desde afuera, en una sociedad con creciente concentración de la riqueza y excesiva influencia de los mercados, lo cual limita mucho lo que los políticos pueden realmente conseguir cambiar. Como sabemos, varios incidentes de alta visibilidad que tuvieron lugar últimamente en la vida pública canadiense han alimentado aún más ese desengaño, reforzando la idea de que el gobierno “no se preocupa de nosotros” y de que los políticos “se ocupan de sus propios intereses”.

La democracia como sistema de gobierno

El Sociólogo y Profesor de la UQAM, Victor Armony. Foto: RCI/Leonardo Gimeno

Cabe preguntarse, en relación a la encuesta, ¿con cuál democracia los canadienses están insatisfechos, con la de su gobierno municipal, provincial o federal? ¿Y con qué comparan la democracia actual para descalificarla, con la democracia de la generación de sus padres y abuelos, o con una democracia ideal que desearían tener pero que nunca existió en la realidad?

Yo pienso que cuando contestan, los canadienses están expresando una sensación general de desilusión más que una opinión sopesada sobre la democracia representativa como sistema de gobierno.

Víctor Armony

Datos que sobresalen sobre populismo

*La encuesta encontró que los políticos que pretenden defender a la «gente común» sobre «la élite» agradaron  al 80 por ciento de los encuestados.

*El sentimiento antiinmigrante también está creciendo.

*Un tercio de los encuestados dijo que cree que los ciudadanos que emigraron a Canadá merecen menos voz en los asuntos del país que los ciudadanos nacidos en Canadá.

¿Está de acuerdo en que esto es populismo? ¿Cómo analiza ese sentimiento antiinmigrante?  ¿Está influenciado por lo que sucede en otros países, como Estados Unidos?

Las tendencias preocupan, dice el sociólogo Víctor Armony, quien a su vez destaca que no cree que en Canadá estén dadas las condiciones para un giro verdaderamente populista. Por el momento.

“Es ahí que las tendencias se tornan inquietantes. Al culpar indiscriminadamente al “gobierno”, en vez de implicarse políticamente y cívicamente para mejorarlo, muchos cederán a la tentación de buscar la solución fácil afuera del sistema. Un líder populista llega justamente con ese mensaje, aprovechando el descontento generalizado y atizando la hostilidad hacia lo que define como el anti-pueblo: las élites, la burocracia estatal, los extranjeros, etc. Y al respecto, no podemos descartar que los discursos que provienen de Estados Unidos y de Europa tengan un efecto en el clima político de Canadá.

Aquí sigue siendo fuerte el apoyo a la inmigración y a la diversidad, pero es indudable que se notan algunas fisuras en esa visión favorable. Estamos lejos de las corrientes xenófobas que se imponen en otros países, pero no debemos pensar que somos inmunes a ellas. En otras palabras, creo que las condiciones no están dadas en Canadá para un verdadero giro populista, pero hay que admitir que el terreno es hoy más fértil para esa posibilidad que hace cinco o diez años.

Además, a nivel provincial, ya hemos tenido procesos electorales que explotaron las frustraciones y los miedos de la “gente común” ante un mundo amenazante y un gobierno que les parece incapaz o sin voluntad de protegerlos. Pero no nos ocultemos que muchas veces el concepto de “gente común” se utiliza en la retórica populista para hacer alusión a la población nativa y mayoritaria. Ya nos enseña la historia del siglo veinte que, con el naufragio de las instituciones, los primeros perjudicados son las minorías.

En definitiva, es imposible saber si estamos viviendo un cambio de paradigma o una fase de turbulencia de la que saldremos con una democracia solidificada. Esperemos que sea esto último. 

Víctor Armony profesor de Sociología en la Universidad de Quebec en Montreal y director de LIELA,  Laboratorio Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Quebec en Montreal

Percepción diferente según la región encuestada

En general, los canadienses de todas las regiones del país y todos los grupos de población sociodemográficos comparten puntos de vista similares sobre la democracia como un sistema de gobierno para Canadá, señalan datos de la encuesta. Sin embargo, importantes diferencias en las percepciones de la democracia surgen entre según la región donde viven los encuestados.

Por ejemplo, los canadienses residentes en las provincias del oeste, como  Alberta, Saskatchewan y Manitoba, tienen opiniones menos positivas de la democracia canadiense que los de Ontario, Quebec y las provincias del Atlántico de Canadá.

Notablemente en las percepciones de si Canadá está siendo gobernado democráticamente y en las preferencia por la democracia como sistema de gobierno.

La encuesta interrogó a 3.500 canadienses y se realizó del 5 al 15 de julio. El margen de error es más o menos 1.7% id.

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Categorías: Economía, Inmigración y Refugiados, Política, Sociedad
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Un comentario sobre “Los canadienses, populismo y desencanto con el estado de la democracia
  1. Avatar Rodrigo Vega-Gamarra y Cuervo dice:

    Cuando un país está en peligro de perder su identidad nacional y, por tanto, su unidad, el líder nacionalista surge como una necesidad histórica y su surgimiento es consecuencia lógica de las mismas circunstancias.

    Y en cualquier país del mundo acuciado por la inmigración, el desorden interno y la perdida de los valores nacionales, surge espontaneamente una reacción patrótica y nacionalista (erroneamente llamada populismo) que termina apoyando a ese líder.

    Ahora bien, cuando los pilares de un gobierno son la suma de las minorias expresadas en la diversidad (extranjeros, aborigenes, etc.), ese gobierno afecta a las mayorias que se sienten semi-excluidas de la vida nacional ante los privilegios otorgados por el gobierno para sostenerse, a las minorias.

    Por tanto, un gobierno así es impotente para detener la débacle nacional casi inminente, por ser el mismo gobierno el que fomenta la división y no la unidad nacional.

    En sí, la democracia representativa como forma de gobierno, no es mala. La solucion sí está, en consecuencia, fuera del gobierno, no fuera del sistema democrático. El sistema democrático debe seguir. Lo que debe cambiar es el gobierno.

    Aunque es verdad que los que sucede en otros paises influye (como el rechazo a los inmigrantes que ya es un fenomeno social internacioanal), el sentido común de la poblacion autoctona de un país es más fuerte que esa influencia exterior, y esta población autóctona se defienda cuando ve amenazados sus valores y tradiciones.

    Si el terreno para los nacionalistas es hoy más fertil en Canadá, es porque el gobierno actual han creado esas condiciones. Desde luego, como la encuesta lo indica, es improbable un gobierno militar en un país como Canadá, pero la necesidad de un líder fuerte (lease Bernier y su PPC) si está vigente.