El Dr. Bernardo Kremer realiza actividades sociales donde la gente se puede juntar, conversar, ser solidarios entre ellos, ayudarse.

Bernardo Kremer, médico de vocación

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Si uno toma su trabajo en serio, especialmente en la medicina, como los que crecimos en Argentina -fuimos a estudiar medicina no por dinero sino por vocación- entonces si uno hace su trabajo con vocación es un trabajo muy intenso. No solamente es ver pacientes, es tratar de que mantengan su salud bien cubierta y que se sientan amparados por un médico que los escucha, que está con ellos en todas sus situaciones de la vida.

– Dr. Bernardo Kremer, médico y profesor en el Departamento de Medicina familiar en la Universidad McGill, de Montreal.

Se recibió de médico internista en Buenos Aires, donde ejerció durante una docena de años en un hospital. Llegó a Canadá hace unos 15 años con su familia.  Su historia no difiere de la de muchos otros inmigrantes que como él, tuvieron que revalidar títulos entre el aprendizaje de las lenguas,  la crianza de la familia y su inserción social y laboral en el nuevo país.

Lo que lo hace interesante es su visión holística que tiene de su trabajo. Un paciente es más que una preocupación por su bienestar físico. Es un ser social y emocional.

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La vida en Argentina

Bernardo Kremer lo dice sin quejarse, simplemente lo constata: la vida en Argentina era dura, con muy mucho trabajo, con días de guardias de 24 horas muchas veces. Era un trabajo muy intenso. “Pero a los que nos gusta lo que hacemos disfrutamos aunque estemos cansados”.

Entonces, ¿por qué se mudó a Canadá?  “Es una pregunta difícil, complicada, pero las dificultades en Argentina, la inestabilidad afectó a la familia, entonces tratamos de buscar nuevos horizontes”.

La vida en Canadá

Como todo recién llegado tuvo que sortear varios obstáculos empezando por los idiomas. Bernardo cuenta que al menos se defendía en francés por haberlo estudiando en  Argentina  en el secundario como segundo idioma.

La vida en Canadá, si uno toma su trabajo en serio, no difiere mucho de la de su país de origen, cuenta el Dr Kremer.

Y especialmente en medicina, aclara.

“Es como los que crecimos en Argentina -fuimos a estudiar medicina no por dinero sino por vocación- entonces si uno hace su trabajo con vocación es un trabajo muy intenso también. No solamente es ver pacientes, tratar de ayudarlos, poder navegar en la burocracia del sistema, es tratar de que mantengan su salud bien cubierta y sentirse amparados por un médico que los escucha, que está con ellos en todas sus situaciones de la vida”.

Volver a empezar pero no de cero

El proceso de reválida del título para cualquier profesional que llega a Canadá es complicado. Para el profesional médico es más difícil todavía.

“Así que inicié el camino de pasar los test de equivalencias, además del francés e inglés. Luego el Colegio de médicos evalúa si necesitaba también revalidar mi residencia hospitalaria, no solamente el título de la universidad sino también el entrenamiento post universitario. Ellos me recomendaron en ese momento que tenía que hacer un entrenamiento extra así que repetí toda la residencia de la medicina familiar en Montreal. Hice los dos años del programa completo. Después de todo eso ya pude trabajar a tiempo completo”.

La ventaja de tener un médico inmigrante

Uno trata de hacer el verdadero trabajo de médico de familia canadiense. Esto quiere decir que nosotros evaluamos  y ayudamos en el aspecto biológico, sicológico y social. Uno que es un inmigrante entiende muy bien la realidad social del inmigrante. Todos nuestros programas incorporan el aspecto social para tratar de mejorar los otros niveles de atención. Un ejemplo: tenemos pacientes con depresión. Las intervenciones pueden ser médicas, sicológicas, pero tratamos también que sean intervenciones sociales que son las que ayudan a mejorar los síntomas de la depresión del paciente.

Bernardo Kremer  es también profesor adjunto de medicina familiar en la Universidad McGill. Es uno de los centros más importantes de entrenamiento de residentes en medicina familiar.

“Tenemos la responsabilidad de enseñarles, guiarles, evaluarlos, ser un modelo para los residentes en muchas cosas. Esa es parte de nuestra actividad. Es la parte asistencial con nuestros propios pacientes y la parte académica con los residentes”.

Los pacientes en el Hospital Judío de Montreal provienen de todas partes del mundo. Kremer trabaja en inglés, francés y español.

“Lo interesante es que aun cuando uno se identifica como judío observante los pacientes de otras culturas nos reciben muy bien. Aquí es muy bien visto que uno exteriorice su cultura. Nuestra clínica de trabajo está abierta para toda persona que camina por Côte-Des-Neiges, la calle del hospital”.

Foto: CJN.

Esa estabilidad laboral que encontró en este país, luego de pasar por los sinuosos caminos burocráticos necesarios, le permite al Dr. Kremer hoy devolverle a la sociedad parte de lo que recibió volcándose a ayudar a la integración de personas judías provenientes de América latina.

Las comunidades judías de Latinoamérica

El doctor Kremer es más que un médico de familia en un hospital. Él está al origen de un proyecto que lleva el hospital a las casas de los pacientes y al que lo llama hospital virtual. Ese trabajo extra no es remunerado.

Y esa solidaridad es un valor familiar. Kremer junto a su esposa realizan actividades sociales y solidarias con inmigrantes judíos provenientes de América latina.

“Fuera de la parte médica, con mi señora, también en forma vocacional y voluntaria -pertenecemos a la comunidad judía-  nos hemos dado cuenta cuando llegamos que había una falta de integración de los judíos que vienen de países de América latina que no se sienten totalmente parte de las instituciones judías de Montreal”.

Es por eso dice Kremer que empezaron a realizar actividades alegres, sociales, con un contendido judío pero principalmente social, donde la gente se puede juntar, conversar, ser solidarios entre ellos, ayudarse.

La mayoría de las comunidades judías del mundo tienen su particularidad explica Kremer. Pero los judíos latinoamericanos, especialmente los argentinos, tienen algo que no tiene una otra comunidad  judía del mundo. “No pertenecen culturalmente a los grandes grupos judíos. Por ejemplo, en este momento las principales concentraciones de judíos en el mundo están en Norteamérica e Israel. El judío argentino no es, por cultura e idiosincrasia, ni norteamericano ni israelí.

Tiene una mezcla de una cultura más cálida, más latina, son más integrados entre ellos y en los países. La cultura latinoamericana es más cálida, de escuchar más al otro, de estar juntos sin una intención mercantilista. En cierta forma es una cultura más solidaria»

Entonces en las reuniones que organiza el matrimonio Kremer las conversaciones giran en torno a lo cultural argentino y sudamericano poniendo énfasis también en la cultura milenaria judía que tiene tanta sabiduría, dice Kremer.

Se trata de compartir sus propias experiencias y de crecer juntos.

Esto y más en la entrevista de Radio Canadá Internacional con Bernardo Kremer, médico y profesor en el Departamento de Medicina familiar en la Universidad McGill, de Montreal.

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Categorías: Inmigración y Refugiados, Salud
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