Representantes de los tres países firmaron una "actualización" del acuerdo. AP Photo/Marco Ugarte.

Canadá, México y Estados Unidos rubricaron su tratado comercial

Tras un año intenso en negociaciones, los gobiernos canadiense, mexicano y estadounidense ratificaron el martes 10 de diciembre el nuevo acuerdo comercial para América del Norte T-MEC, por Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

Este nuevo instrumento tiene como objetivo reemplazar al viejo Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), que quedó bajo el fuego de las críticas del presidente estadounidense Donald Trump, apenas este se hizo cargo de la Casa Blanca.

El acuerdo está destinado a regir los intercambios comerciales entre los tres países participantes, en un contexto de globalización económica que, al mismo tiempo, se topa con el surgimiento inesperado de políticas de tono proteccionista por parte de la administración estadounidense.

Según señala el comunicado difundido en el sitio oficial del Gobierno de Canadá, el pacto resultante “preserva los elementos claves de la relación comercial e incorpora previsiones nuevas y actualizadas para hacer frente a los desafíos comerciales del Siglo 21 y promover oportunidades para cerca de 500 millones de personas que tienen a América del Norte como hogar”.

Trum se propuso desde un primer momento acabar con el TLCAN. AP Photo/Matt Rourke.

Intercambio “injusto”

El TLCAN fue puesto en vigencia el 1 de enero de 1994. Desde entonces, y por cerca de un cuarto de siglo, rigió los intercambios comerciales entre Estados Unidos, Canadá y México, no sin altibajos ni rispideces.

Su objetivo inicial fue el de facilitar el flujo de bienes entre los dos países, en el marco de un proceso de apertura de los mercados a nivel mundial, principalmente entre dos grandes socios comerciales como Canadá y Estados Unidos, que intercambian miles de millones de dólares diarios en mercancías.

La meta debía cumplirse mediante la eliminación de las tarifas aduaneras que se aplicaban a diversos productos, que los hacían menos competitivos que los bienes fabricados por el mercado nacional.

Tal propuesta tenía como marco principal un proceso de expansión inusitada de la economía estadounidense, ávida por colocar sus mercancías en una cantidad que excedía las capacidades de demanda del consumo local.

El intercambio comercial entre EE.UU. y Canadá es uno de los más grandes del mundo entre dos países. REUTERS/Rebecca Cook.

Con la entrada en vigencia del acuerdo, el comercio tripartito se multiplicó, pasando de 297.000 millones de dólares a principios de los años 90 a más de 1 billón de dólares al promediar la década de 2010.

Pero con la llegada al poder de Donald Trump, tras su triunfo en las elecciones presidenciales de 2016, el TLCAN quedó en el centro de la tormenta, cuando el mandatario comenzó a denunciar el tratado como una herramienta que dañaba los intereses de algunos sectores de la economía de su país.

La producción automotor, la industria alimenticia, el intercambio de acero y aluminio y una balanza comercial desfavorable para los estadounidenses se convirtieron en el caballo de batalla de Trump, preocupado por lo que consideró una “situación injusta”, en la que los productores y comerciantes de su país supuestamente debían hacer frente a mercados que no ofrecían la ventajas arancelarias que sí brindaba Estados Unidos.

La “repatriación” de sectores de la producción y de fuentes de trabajo se convirtió en uno de los eslóganes predilectos de Trump.

La industria láctea de Quebec mostró sus reparos hacia el acuerdo. THE CANADIAN PRESS/Ryan Remiorz

Nuevas líneas de acción

Desde los años 90, el intercambio de mercancías entre Canadá y Estados Unidos se duplicó, mientras que las transacciones con México crecieron poco más que 9 veces.

El T-MEC incluye nuevas disposiciones en lo referente a la resolución de disputas entre estados, normas laborales, medioambiente, propiedad intelectual y normas de origen de las mercancías e insumos.

En lo referente a las disputas estado-estado, la principal novedad la constituye el hecho de que la comisión de ministros para el Libre comercio será reemplazada por un panel que se conformará a pedido en cada ocasión.

En materia laboral, las partes se obligan a una mayor flexibilidad para combatir las violaciones al acuerdo, eliminando el requisito de que tales violaciones se produzcan en forma reiterada, por acciones o inacciones al respecto.

Las condiciones de trabajo en la industria automotriz estuvo al centro de las disputas. REUTERS/Charles Mostoller.

En materia ambiental, todas las partes se comprometen a respetar y hacer respetar en los otros países las normas vigentes en sus propios territorios.

En el caso canadiense, lo antedicho implica que el país se obliga a asegurar el respeto a la Convención Internacional sobre Comercio de Especies en Peligro, Fauna y Flora Salvaje, el Protocolo de Montreal sobre Sustancias que Debilitan la Capa de Ozono, el Protocolo de 1978 Relacionado con la Convención Internacional para Prevenir Contaminación por los Buques, la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas y la Convención para el Establecimiento de una Comisión de la Tuna Tropical Interamericana.

En el capítulo de la propiedad intelectual, la disposición principal implica eliminar las provisiones sobre la utilización de patentes para usos, métodos o procesos nuevos de utilización de productos existentes.

En relación con las normas de origen, se dispone que el 70 por ciento del acero comprado por las ensambladoras de vehículos sea originario de uno de los tres países firmantes del acuerdo. El criterio podría aplicarse a otros rubros que la industria automotriz.

Las compras mexicanas de aluminio chino generan inquietud en Canadá. Chinatopix via AP.

Críticas

Pocas horas después de la ratificación del tratado, el Sindicato de Trabajadores del Aluminio de la localidad de Alma, en la provincia de Quebec, expresó que los cambios de último momento, a pedido de México, invalidarían la protección acordada al aluminio norteamericano, ya que la industria mexicana utiliza ese material mediante compras a China y a otros mercados, para fabricar piezas para autos.

Por su parte, la viceprimera ministra canadiense, Chrystia Freeland, sostuvo que los lineamientos alcanzados en el nuevo convenio son un avance, porque fijan una cuota que no existía precedentemente.

Freeland aprovechó la ocasión para anunciar la eliminación de las tarifas de importación que Estados Unidos aplicaba al aluminio canadiense.

Chrystia Freeland defendió los intereses canadienses en las negociaciones. AP Photo/Marco Ugarte.

 Fuentes: Gobierno de Canadá / El Economista (México) / The Canadian Press.

Categorías: Economía, Internacional, Política
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