Santuario y asilo religioso: una tradición histórica de muchos siglos

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Refugiarse en una iglesia para impedir ser deportado o para evitar la persecución de las autoridades migratorias se ha convertido en un mecanismo “de último recurso” para los refugiados y para otros migrantes que se consideran en la categoría de “vulnerables”.

 

Estar en ese espacio protegido ha permitido -en varios casos- que las autoridades busquen otras soluciones debido a que –generalmente- quienes se asilan en los templos religiosos logran un importante apoyo de un sector de la población.

 

Y aunque –normalmente- las autoridades respetan esos lugares de culto y no entran a buscar a quienes allí se refugian, han existido casos –incluso en Canadá- en los que no se ha respetado ese asilo religioso más conocido como Santuario.

 

Historia

 

El Santuario o asilo es una antigua tradición que existe desde hace más de 1300 años. Su utilización estaba regida por los códigos de derecho canónico y la iglesia logró que los reyes, emperadores y gobernantes de Europa respetaran ese asilo otorgado por ella.

 

Los perseguidos que lograban la protección religiosa entraban en iglesias o lugares sagrados gracias a que –según sus líderes o autoridades- esos lugares representaban a la “autoridad divina”.

 

Aunque la figura desapareció a finales del siglo XVII, con la aparición de las nuevas concepciones de Estado que definieron las formas de proteger a los refugiados y perseguidos, la figura del Santuario siguió vigente en el imaginario colectivo gracias a que las personas siguieron asociando los conceptos de persecución, desamparo, protección, asilo y refugio a los lugares considerados como sagrados.

 

Una historia mucho más antigua

 

No son pocos los historiadores que sitúan la creación de los Santuarios en épocas -incluso- anteriores a los apogeos del imperio romano o de los faraones egipcios.

 

Hay textos muy antiguos que hablan de refugios en las religiones judía y musulmana debido a que personas perseguidas –en ocasiones por crímenes comunes- podían refugiarse en los lugares de culto –particularmente en los que se consideraban inviolables por su carácter sagrado o su representación de la “autoridad superior divina”.

 

El Santuario Moderno

 

En su historia moderna, el Santuario o asilo en iglesias tiene como fundamento la tradición y la convicción de determinados sectores religiosos y sociales que consideran necesario proteger a los desvalidos o a quienes –debido a su precaria condición- no pueden defenderse solos de los Estados.

 

Su sola existencia desafía a los gobiernos, a los sistemas políticos e incluso a algunas de las jerarquías religiosas del catolicismo.

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, varios monasterios, conventos e iglesias católicas sirvieron para esconder a miles de judíos perseguidos por los nazis.

 

Detrás del discurso de justificación del Santuario, está también el reconocimiento de que las personas protegidas no son criminales y que se trata de seres humanos que tuvieron que huir de alguna parte para salvar sus vidas.

 

El renacimiento de estos asilos religiosos se dio en la década del 70 y principios de los 80 en América y –particularmente- en los lugares en los que se vivieron las dictaduras.

 

Aunque algunos sectores de las jerarquías eclesiásticas tenían muy buenas relaciones con los dictadores, una parte de los sectores de base de la iglesia católica se dedicó a esconder, asilar y proteger a los perseguidos políticos.

 

Por supuesto esos refugiados de los Santuarios eran casi que secretos porque nadie quería que los militares supieran que tenían gente escondida.

 

Posteriormente, el concepto llega con fuerza a América del Norte, de la mano de los movimientos que evocaban la defensa de los principios morales.

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